Anoche alguien mintió
en la cena.
Roma Norte, CDMX. Sábado 9 de mayo. 21:00 hs.
Daniel R., escritor freelance de 34 años, organizó una cena en su departamento del piso 14.
Llegaron tres invitados. A las 06:48 de la mañana siguiente, su novia llegó a desayunar.
Encontró la puerta abierta. Y a Daniel muerto en el living.
Tres personas estuvieron en esa cena. Los tres juran que ya se habían ido cuando pasó. Las cámaras dicen otra cosa.
Tu trabajo: investigar 16 evidencias y acusar a un culpable. Tenés una sola oportunidad. Hay pistas que parecen apuntar a un culpable y no lo son — leelas con cuidado. Si pensás con lógica, vas a llegar a la verdad.
Los tres que estuvieron ahí.
Mario, Laura y Carlos. Cenaron con Daniel esa noche. Cada uno con su relación con la víctima, su coartada, y algo que esconde.
Laura Mendoza
Carlos Méndez
El expediente.
Tocá cada evidencia para abrirla. Podés revisarlas en el orden que quieras y volver las veces que necesites. Cuando creas saber quién mintió, andá a "Acusar" abajo.
⚠ Solo tenés una oportunidad para acusar. Tomate el tiempo que necesites.
Llegó el momento. ¿Quién mintió?
Solo tenés una oportunidad. Una vez que confirmes, no podés cambiar. Pensá bien: ¿quién está mintiendo, y por qué?
A las 22:30, Daniel y Mario salieron al balcón. No era una discusión sobre un libro. Era sobre plata. Daniel le acababa de pedir a Carlos —el contador— los números reales del proyecto. Carlos se los dio sin saber qué hacía Daniel con ellos.
Mario llevaba dos años desviando dinero del proyecto editorial. USD $16.700 en total, repartidos en tres rubros. Esa noche, en el balcón, Daniel le dijo que iba a denunciarlo.
Pero Mario no llegó a esa cena tranquilo. Hacía semanas que sentía algo raro: Daniel hacía preguntas de más, pedía números que antes nunca pedía. Mario no sabía cuánto sabía Daniel —pero por las dudas, días antes, había comprado un celular prepago, descartable, imposible de rastrear a su nombre. No lo compró para matar a nadie —esa noche nadie planeó un asesinato—. Lo compró porque un hombre que siente que lo están por descubrir, y que ya decidió que no va a caer sin pelear, quiere tener una línea que nadie pueda seguir.
A las 22:55, Daniel se levantó de la mesa y fue al baño. Desde ahí le escribió a Patricia, su abogada: "Pat, listo. Mañana 9 AM en tu oficina. Llevo los extractos de los últimos 2 años. Lo voy a denunciar formalmente." Pocos minutos después, el backup de iCloud sincronizó la conversación. Daniel no sabía que le quedaba menos de una hora de vida.
Laura se fue a las 23:08 con dolor de cabeza. Carlos a las 23:15, sospechando algo pero sin saber qué. Mario "se fue" a las 23:30 y le mandó un mensaje a Laura diciendo que ya estaba en su cama. Mintió.
A las 23:51, las cámaras del lobby muestran a un hombre con capucha y abrigo oscuro entrando al edificio. Mide alrededor de 1.78 m. Mario mide 1.79. Daniel le abrió. Era su socio.
Discutieron. Mario le pidió que retirara la denuncia. Daniel dijo que no. Mario lo empujó. La mesa de centro estaba donde estaba. La caída ocurrió como ocurrió. Mario no quería matarlo. Pero tampoco se quedó a llamar a una ambulancia.
Antes de irse, Mario abrió el celular de Daniel y borró el chat con Patricia. No sabía que el backup ya había guardado todo. Después, ya en la calle, sacó el celular prepago e hizo una llamada de nueve segundos al 911: "Hay un robo en Mérida 200." Dio su propia dirección, mal, con la voz temblando —cualquier cosa con tal de mandar a la policía lejos del Edificio Sevilla—. El teléfono que había comprado para protegerse terminó siendo la voz que lo delató.
Y se llevó la llave del departamento de Daniel. Nadie se la pidió. La agarró en el segundo de pánico, sin pensar, y después ya no supo qué hacer con ella: tirarla lo aterraba, tenerla en su casa lo aterraba más. Cuatro días después la encontraron escondida en el caño del baño de su oficina. Esa llave —que nadie necesitaba que se llevara— fue la prueba física que lo puso dentro de la casa de Daniel la noche que murió.
Laura no estaba ahí. Carlos tampoco.
Solo Mario mintió esa noche.
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